Asghar Farhadi

Asghar Farhadi, nacido el 7 de mayo de 1972, es un director de cine y guionista iraní. Como director, ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales, como el Simorq de Cristal del Festival Internacional de Cine de Fayr, el Globo de Oro y el Oscar a la mejor película en lengua extranjera, y el Oso de Oro del Festival Internacional de Cine de Berlín. En 2012, fue nombrado una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time.

Farhadi nació en Homayonshahr, Isfahan. Es licenciado en Artes Dramáticas en la Universidad de Teherán y estudió un máster en Dirección por la Universidad Tarbiat Modarrés. Antes de dedicarse a realizar guiones, comenzó a dirigir cortometrajes, en 8 y 16 mm, en la Sociedad de Cine Juvenil de Isfahán. También dirigió series de televisión como “Historia de una ciudad” (Dastan-e Yek Shahr) y coescribió el guion de “Vil altitud” (Ertefa-e Past), de Ebrahim Hatamikia. Debutó en el cine con “Baile en el polvo” (Raqs dar Qobar), seguida de “Ciudad hermosa” (Shahr-e-Ziba), la cual le valió premios en festivales nacionales e internacionales.

Abbas Kiarostamí: un cineasta de culto

Hay artistas que, a lo largo de su vida, hacen infinitas variaciones sobre la misma obra, y otros que deciden no repetirse nunca. Kiarostamí se mueve en ángulos opuestos y sin un destino preestablecido, por un camino de investigación -exigente y riguroso- que le lleva a cuestionar continuamente su trabajo y los resultados obtenidos, sin perder su lealtad a su propio universo y a una estética de la mirada que es al mismo tiempo una ética de la puesta en escena. Kiarostamí es también y sobre todo un artista perfecta. Al igual que los grandes artistas del Renacimiento, es un autor capaz de expresarse a través de diferentes medios y lenguajes, siendo siempre fiel a sí mismo y a sus temas favoritos: el cine, por supuesto, pero también la fotografía, el cortometraje, la poesía y el teatro. (Alberto Barbera)

 Sufismo

Sufismo, desierto y poesía en Irán

La tradición mística persa asimila la búsqueda espiritual a la travesía de los valles del desierto. El sufismo enumera siete de estos valles: la búsqueda, el amor, el conocimiento, el desapego, la unidad con Dios, el asombro y la aniquilación. El camino es peligroso. El ascetismo para purificar el alma; la negación de las pasiones carnales; la renuncia a los deseos terrenales: todas estas espinas esperan en el camino del místico.

El oro, la posesión de bienes que halagan la vista y el corazón y despiertan la envidia y el deseo -todas las vanidades del mundo- aparecen como espejismos en el camino del viajero sediento.

Todas las caravanas necesitan un guía para cruzar el desierto; nadie sería tan insensato como para aventurarse en las extensiones arenosas sin alguien que le guíe. Del mismo modo, la tradición mística iraní pide a los buscadores de la verdad que busquen la ayuda de los “pirs”, maestros que pueden mostrarles el camino. Ningún discípulo se aventuraría en el camino de la devoción sin la ayuda de un iniciador que le instruya e imparta los conocimientos necesarios. Al igual que un jefe de caravana, el maestro espiritual se encarga de la cadena de instrucción del prosélito.

Simurg

Simurg y Monte Qaf

Attar, el gran poeta iraní del siglo XII, describe en El lenguaje de los pájaros el viaje que emprenden esos pájaros en busca de su rey. Guiados por la abubilla, un ave rica en asociaciones mitológicas que fue compañera de Salomón y que puede evitar los espejismos y divisar charcos de agua a distancia, parten hacia el monte Qaf, donde vive simurg, el rey de los pájaros. Muchos de ellos no soportan el calor, el hambre y la sed y, por miedo a lo desconocido, prefieren no adelantar más. Otros muestran coraje de enfrentarse a los peligros. Debido a la falta de alimentos, agua y sombra, muchos mueren en el camino. Sólo treinta pájaros (en persa, si-morq) alcanzan su objetivo, volando sobre Qaf y descubriendo su “yo interior”

Saadi

Musleh al-Din Abdollah Saadi es uno de los poetas más reconocidos de la literatura persa. Su larga vida abarcó todo el siglo XIII, considerado la época clásica de la poesía lírica persa,  que coincide históricamente con las primeras invasiones mongolas, comenzadas en el otoño de 1219 que provocaron la caída del califato abasí.

Los nuevos gobernantes mongoles formaron nuevas cortes alejadas de las poblaciones locales y mostraron poco interés por el género literario casida (panegírico), entonces en su pleno apogeo. Más bien estaban interesados en aludir a sus conquistas políticas y territoriales en la prosa de las obras históricas. En el proceso de la producción de poesía lírica, el género de casida perdió su importancia en favor del género poético de gazal (soneto), el que alcanzó su perfección técnica con Saadi.

Rudakí

Abdollah Jafar Ibn Mohammad Rudakí, fundador de la literatura perso-tayiki. Rudaki nació en el año 858 en la aldea de Pandj-Rudak, cerca de Pandjikent, situada entre Samarcanda y Bujará (en Transoxiana, Asia Central). Desde muy joven comenzó a escribir versos, le gustaba tocar el laúd (chang en persa) y tenía una hermosa voz. Fue uno de los primeros poetas en utilizar el recién desarrollado alfabeto persa, una transcripción de la lengua pahlavi con el alfabeto arábigo. La poesía de Rudakí cautivó los corazones y las mentes de sus contemporáneos. Sus casidas eran el adorno de las fiestas de los palacios reales y de las reuniones de eruditos cuyo contenido filosófico  sorprendían a cualquier oyente. El poeta reflexionó sobre la esencia de los fenómenos y el movimiento constante de los cambios naturales y sociales a través de su poesía en casida en concretos momentos. Según algunos documentos, el patrimonio literario de Rudakí incluía más de cien mil bayt (versos) de poesía. Rudakí falleció en el año 941 d. C. y su tumba se encuentra en su pueblo natal marcada por un mausoleo de mármol azul y blanco. Su poesía es de estilo sencillo, como debe ser la poesía cortesana reflejando el encanto de la poesía preislámica de Irán. Evita el arabismo y no utiliza versos del Corán. Sobre todo, su poesía es accesible para los escolares de hoy quienes pueden disfrutar de sus versos sin que sea necesario dar explicaciones ni interpretaciones.

Omar Jayyam

Fue un destacado astrónomo, matemático y poeta persa. Siendo el astrónomo de la corte del sultán selyúcida de Persia, Omar reformó el calendario solar persa, pero su fama, especialmente entre los anglosajones, en Europa y América, se debe a sus cuartetas debido a la adaptación poética inglesa de una selección de ellas realizada por E. Fitzgerald con un hermoso sentido del arte. Vivió entre 1044 y 1123 d.C. y su nombre completo era Ghiyath ad-Din Abul Fateh Omar Ibn Ibrahim Jayyam. En “Historia de la filosofía occidental”, Bertrand Russell señala que Jayyam es el único hombre reconocido tanto poeta como matemático a la vez. Su trabajo sobre el álgebra fue muy apreciado en toda la Europa medieval.

Nezamí Ganyaví

En 1141, nació en Ganyá, uno de los antiguos centros culturales de Azerbaiyán y la capital del estado de Atabey, que forma parte de la actual República de Azerbaiyán. Es la figura representante del Renacimiento oriental.

Su primera esposa, Afaq, le dio un único hijo llamado Muhammad Afaq. Cuando Nezamí escribía “Cosroes y Shirin”, Afagh murió. Tras su muerte, él volvió a casarse. Su segunda esposa murió mientras escribía “Leyli y Majnún”. Se casó por tercera vez y su esposa murió mientras escribía el libro “Eqbalnameh”. En un verso, Nezamí declaró amargamente: “Parece que con cada masnaví que escribo, hago un sacrificio.”

Conocido como poeta, erudito y filósofo, Nezamí  también es conocido por utilizar la poesía para observar las acciones de los seres humanos en la sociedad. Sus épicos poemas románticos están llenos de emociones apasionadas y comentarios filosóficos sobre la humanidad.

La influencia de Nezamí en la literatura perduró mucho después de su muerte. Fue uno de los principales promotores del uso de la lengua vernácula en la poesía, introdujo nuevos conceptos de estilo y fundó una nueva escuela literaria. Su influencia literaria se extendió a Irán, Turquía, Asia Central e India, donde los poetas imitaron el Khamseh de Nezamí tanto en la forma como en el tema. Poetas posteriores como Jami, Amir Khosrow, Alish er Navoi y Fuzuli recibieron una fuerte estaban inspirados en él.

Sus obras maestras han sido traducidas a inglés, alemán, italiano, español, ruso, japonés y otras, y se han llevado a cabo numerosos estudios acerca de su vida y su producción creativa.

 Nezamí Ganyaví murió  en 1209 en su ciudad natal de Ganyá. La creatividad de Nezamí desarrolló la literatura de Europa Occidental. Las obras del poeta se han traducido a muchas lenguas del mundo y desempeñó un importante papel en el desarrollo del arte oriental, especialmente del arte de la miniatura. Los extraordinarios manuscritos de sus obras se conservan como perlas preciosas en las colecciones de famosas bibliotecas y museos de muchas ciudades, como Moscú, San Petersburgo, Bakú y Taskent.

Jami

Jami

Nur ad-Din Abd ar-Rahman Jami

Hijo de Mowlana Nezam o-Din, Ahmad nació en Jam, una pequeña ciudad de Jorasán, en 1414. Su apodo es Jami cuyo significado es “copa de vino” en persa y Nur ad-Din significa “Luz de la fe”. De niño, aprendió persa y árabe de su padre. Asistió a una escuela en Herat (actual Afganistán) y luego a una escuela en Samarcanda, donde estudió con Ghazi-zadeh Ruhm, uno de los mayores eruditos de la época. Jami regresó a Herat a estudiar matemáticas y filosofía. Hakim Jami se unió entonces a Saaduddin, el líder de los Naqshbandis y se convirtió en su discípulo. Se dice que cuando Saaduddin se reunía con otros derviches en la mezquita aljama de Herat, cada vez que Jami pasaba por la mezquita, Saaduddin le decía: “Me fascina, este hombre es realmente digno. No sé cómo atraerlo para que sea discípulo mío.” Jami era conocido por su sentido del humor. Prestó especial atención a Saadi y Hafez en poesía y siguió a Nezamí en su masnavi. En 1472, Jami inició su peregrinaje a La Meca, como se supone que debe hacer una vez en la vida todo musulmán que pueda permitírselo. Una de las características encomiables de Jami es que tenía convicción en lo que decía y escribía. Jami dijo: “Hay muchos buscadores, pero sobre todo buscadores de superación personal. Hay muy pocos buscadores de la verdad real.”

Hafez

Khajeh Shams od-Din Mohammad Hafez Shirazí

Nació en 1319 en Shiraz, al suroeste de Irán. De niño, había memorizado el Corán escuchando las recitaciones de su padre, lo que le valió el título de Hafez (título otorgado a quienes habían memorizado el Corán de memoria). También había memorizado muchas obras de su héroe, Saadi, así como de Attar, Rumi y Nezamí. Su padre, que era comerciante de carbón, murió, dejándoles a él y a su madre muchas deudas. Hafez y su madre se fueron a vivir con su tío. Dejó el jardín de infancia para trabajar en un taller textil y luego en una panadería. A la vez que trabajaba en la panadería, entregó pan a un hombre rico de la ciudad y vio a Shaj-e Nabat (rama de caña de azúcar), una joven de increíble belleza. Muchos de sus poemas están dirigidos a ella. En su afán por llegar a su amada, Hafez veló durante cuarenta días y cuarenta noches en la tumba de Baba Kuhi. Haberlo conseguido, conoció a Attar y se convirtió en su discípulo. Hafez se hizo el poeta de la corte de Abu Ishak, lo que dio lugar a que ganara fama e influencia en Shiraz. Eso se considera la fase del “romanticismo espiritual” en su poesía. Hafez dejó unos 500 ghazals (gacela), 42 rubaies (cuartetos) y algunas casidas, compuestos a lo largo de 50 años. Hafez sólo componía cuando estaba inspirado por la divinidad, por lo que sólo componía una media de 10 gacelas al año. Su objetivo era escribir una poesía digna del Amado.

Su tumba de mármol está grabada con uno de sus poemas:

Las albricias de tu encuentro, ¿dónde están?, que de la vida me libero y me levanto.

Soy el ave celeste y de la trampa del mundo me libero y me levanto.

Si me llamas tu esclavo, juro por tu señorío

que del reino de la existencia y del lugar me libero y me levanto.

Oh Dios, de la nube conductora haz que llegue la lluvia,

antes de que, como polvo, del centro me libere y me levante.

En mi tumba, con vino y juglares, siéntate,

que, por tu olor, de la fosa bailando me libero y me levanto.

Ponte en pie y muestra tu figura, oh ídolo de movimientos suaves,

que de la vida y del mundo dando palmas me libero y me levanto.

Estréchame fuertemente una noche, aunque soy viejo,

que a tu lado, al alba, me Jibero y joven me levanto.

En el día de la muerte dame un momento para que, como Hafez,

de la vida y del mundo me libere y me levante.

(Traducido de 101 Poemas)